Charles Haddon
Spurgeon dijo: “Cuenta todo lo que Dios
ha hecho contigo, pero no digas nada de lo que tú haces para Dios. No promuevas aplausos, promueve su gloria.” Cuanto
hace falta esta convicción en el liderazgo
actual para combatir ese anhelo de figurar, esa motivación egocéntrica que gira sobre dos ejes: no hacer nada o hacer algo, tristemente, por lo general, ambas
acciones tienen como meta ser popular.
Me
encanta el caso Naamán- Eliseo, donde el profeta envía un mensajero, evitando
salir al encuentro del Sirio y no recibe los regalos del gran general. Según el
comentario bíblico Jamieson-Fausset-Brown, esto lo hizo en esta ocasión para “para mostrar que no obraba por los motivos
mercenarios de los sacerdotes y profetas paganos,…que los sirios viesen la
piedad de los siervos de Dios, y su superioridad a todo motivo terrenal y
egoísta al promover la honra de Dios y los intereses de la religión verdadera.
Naamán podría haber creído que el Profeta
era su sanador, pero Eliseo no mostró problemas de autoestima y no se
necesitaba ni siquiera que el Sirio lo viera, por eso le manda un mensajero,
Eliseo prefirió promover la Gloria de Dios, que aplausos, invitaciones y
regalos para sí.
MAURICIO GÓMEZ
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