TRES COSAS QUE DEBE EVITAR CUANDO HAGA UNA PRESENTACIÓN O UNA EXPOSICIÓN SOBRE UN
TEMA.
1 Hable más del tema
que de usted mismo.
Los participantes han sido convocados o asisten
porque les interesa el tema que se impartirá, escuchar información personal del
orador más allá de la básica necesaria se puede considerar como arrogancia o
egocentrismo, situación que estorbará a la audiencia para absorber la
información impartida. Un proverbio oriental
dice: “alábate un extraño y no tu propia boca”,
fácilmente se aprecia la diferencia entre una presentación personal
inicial y un intento de impresionar a los oyentes contando sus viajes, posesiones
y puestos organizacionales, por lo general esta práctica antes de motivar, crea
una actitud de empatía entre la
audiencia y el orador, actitud que
cerrará en gran medida la capacidad de escucha y atención del asistente. No pierda
de vista la razón por la que el oyente asiste, ellos tienen una inquietud, una
necesidad, anhelan algo que usted ofreció exponer, ese tema o información es el
invitado de honor, no usted.
2 Enfóquese en un
tema, al final la gente solo se llevará una o dos frases.
Haga una cosa a la vez, enfóquese en el tema
que ha prometido exponer, no trate de abarcar más temas cercanos, ni se deje
influenciar por preguntas o intereses de la audiencia, manténgase sobre la
línea de su tren, no cambie de tema. Se
dice que una persona que escucha una exposición de una hora, en promedio va a
retener solo una o dos frases en su mente de todo lo expuesto, de ahí la
importancia de aprovechar bien el tiempo y dedicarnos a desarrollar eficientemente nuestro mensaje
propuesto.
3 Dure el tiempo
preciso.
A los oradores nos encanta hablar, es uno de
nuestros dones, pero hablar mucho no es sinónimo de eficiencia en nuestra presentación. Una audiencia pierde su nivel óptimo de
atención cada 15 minutos, por eso el presentador debe ingeniárselas para
levantar ese nivel atencional. Un chiste o un aumento repentino en el volumen
de la voz son prácticas usadas con tal propósito. Ciertamente es difícil determinar
cuánto debe durar una exposición, pues variables como el tema y puntos a cubrir
pueden requerir más o menos tiempo, sin embargo debemos ser sabios en el manejo
del tiempo y diseñar nuestra presentación de modo que dure el tiempo preciso, cuarenta
y cinco minutos sería el número ideal. Un oyente cansado y soñoliento no va a
recibir el mensaje tan claramente como uno bien atento, por eso recordemos que
la efectividad del mensaje no radica en lo largo del discurso sino en lo claro
y específico de la exposición.